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Información sobre la depresión

9 diciembre, 2017

¿QUÉ ES LA DEPRESIÓN?

Un efecto cognitivo de la tristeza es la provocadora de ésta emoción.

La atención hacia el ambiente y al medio interno se va atenuando lo que provoca en el individuo cierto aislamiento estimular, que hace que rechace eventos emocionales por su difícil manejo, por generarle tensión y por dar pie a la emoción negativa, que es la depresión.

Éste estado favorece la reflexión y autoevaluación sobre la situación problema, que favoreció la tristeza.

El ser humano es un ser de relaciones y emociones, por lo tanto, tiene la posibilidad de expresar de diversas formas cómo asimila todos los aspectos circunstanciales que lo rodean.

Esta expresión varía en duración e intensidad según la naturaleza que la provoque; la cual, si es muy intensa y poco manejable para el individuo, puede conducir a que lo normal se torne patológico, donde la incapacidad de asimilación es cada vez mayor.

Cuando esto ocurre, puede aparecer un trastorno del estado del ánimo, cuya principal característica es la alteración del humor, compuesta por distintos episodios afectivos (depresivo mayor, maníaco, mixto, hipomaníaco), que por su presencia o ausencia ayudan al diagnóstico adecuado del trastorno.

La depresión el trastorno que ha sido ampliamente estudiado por distintos autores, donde la mayoría de ellos coinciden en afirmar su importancia dentro de los trastornos del estado de ánimo. En la depresión existe una sensibilidad excesiva para percibir eventos negativos o no placenteros, mientras que los placeres de la vida pasan por desapercibidos.

La identificación de los trastornos depresivos es posible gracias a las manifestaciones sintomáticas que se presentan en éste, las cuales guardan una íntima relación con comportamientos que tienen que ver con el estado de ánimo.

Los síntomas centrales de la depresión son la tristeza, el pesimismo, el descontento con uno mismo; junto con la pérdida de energía, motivación y concentración.

Sin embargo, existen otros planteamientos y herramientas diagnósticas, que ayudan a identificar otros síntomas de la depresión.

Así mismo, se manifiesta que la depresión es un estado de ánimo caracterizado por sentimientos tales como: indiferencia, soledad y pesimismo; afecta todo el cuerpo, su estado de ánimo y sus pensamientos; igualmente, la forma en que el sujeto come y duerme, lo que piensa de sí mismo, su concepto de la vida y su comportamiento en general.

Diferentes estudios han profundizado en la presencia o ausencia de la depresión en cada uno de los periodos del ciclo vital.

De igual manera, se afirma que el trastorno psicológico más frecuente en el mundo actual es la depresión, y de toda la población, los adolescentes y adultos son hoy por hoy los grupos más vulnerables a padecer este tipo de trastorno.

Por otra parte, sobre la estructura diferencial de la depresión en ancianos, se muestra la complejidad de la sintomatología depresiva asociada al contexto cultural y a la edad de las personas, con lo cual no sólo se han puesto de manifiesto variables esencialmente influyentes en la depresión, sino que de esta forma se ha logrado ampliar la perspectiva para la valoración y comprensión integral del ser humano y su complejidad anímica.

Acerca de los trastornos afectivos en el anciano, se establece que factores como el nivel socioeconómico, la residencia, el sexo, aspectos biológicos y la edad; así como el nivel de estrés, déficit en el apoyo social, grado de funcionalidad y salud percibida, se conciben como los principales elementos de riesgo para el desarrollo de enfermedades psicopatológicas como es el caso de la depresión, durante el proceso de envejecimiento.

Sumando todo ésto, el estudio de las causas se ha intensificado con el fin de nutrir las explicaciones acerca de la depresión.

Las primeras de ellas se componen de aspectos genéticos (historia familiar), marcadores biológicos (bloque de Dopamina y Serotonina alterando los estados del sueño) y síndrome premenstrual (influencia hormonal marcada en las mujeres).

Por otra parte, las causas sociodemográficas, como el sexo (existe un predominio de depresión en las mujeres por posibles factores psicológicos y sociales), la edad, el estado civil y otras variables como la educación, nivel socioeconómico, religión, trabajo (exceso, ausencia o jubilación). Por último, las causas psicosociales, explican la depresión desde la personalidad y estilo cognitivo de las personas, pérdidas parentales o significativas, soporte social, grado de relación interpersonal, en especial con una pareja afectiva y acontecimientos relevantes de la vida.

Teniendo en cuenta cada una de estas explicaciones desde las distintas causas y variables, se hace necesario enfatizar no sólo en los factores psicosociales, sino en su relevancia en la edad adulta, como uno de los momentos del ciclo vital que contiene gran parte de la historia de vida del ser humano. Es así como socialmente se ha concebido a la edad adulta como una “etapa” de la vida independiente, cargada de sufrimiento, inactividad, soledad y pérdidas, siendo esto causa de vulnerabilidad a los trastornos afectivos, enunciándolos como factores que contribuyen a la aparición de síntomas depresivos, dando una mayor importancia a las vivencias relacionadas con pérdidas físicas y psicosociales. Considerando al periodo de adultez como uno de los fenómenos epidemiológicos del Siglo XXI, enmarcándolo en el denominado envejecimiento poblacional, y comprendido como la transición demográfica que aumenta dada la proporción de personas de avanzada edad.

Es preciso insistir en que la depresión es una problemática de salud mental que hace que muchos individuos cataloguen a la adultez como el estado que posee los mayores signos depresivos, puesto que vivir muchos años implica vivir siendo viejo, y este fenómeno, a su vez, supone el desarrollo de alteraciones afectivas, como es el caso de la depresión. De igual forma, el estrés puede formarse por la preocupación por no tener las habilidades necesarias para hacer frente a las amenazas, la influencia de los sucesos pasados o presentes significativos; así como la manera de vivir las pequeñas irritaciones diarias y la predisposición biológica. En este orden de ideas y teniendo en cuenta la situación mencionada anteriormente, se pretende a través de este estudio identificar las manifestaciones depresivas en jóvenes, adultos jóvenes y adultos mayores, asociadas a fuentes de estrés.

Por esta razón, el propósito es determinar las particularidades de la estructura de la depresión en las poblaciones citadas anteriormente, atribuibles a variables psicosociales y socio-demográficas (nacionalidad, sexo, estado civil, nivel educativo, situación laboral, nivel socioeconómico, estado de salud, apoyo social) entre otras.

La depresión es más que estar bajo de ánimo. Sentirse triste, tener pensamientos negativos y sentirse deprimido o tener dificultades para dormir, no significa que padezcamos depresión. Aunque la mayoría de personas experimenta tristeza en múltiples ocasiones, en una minoría de personas estos sentimientos no desaparecen y están acompañados de otros síntomas que provocan malestar o dificultades para desarrollar su vida cotidiana: interfiere en varias capacidades cómo la forma de pensar, aprender y desarrollarse social y académicamente. Los momentos de tristeza, de duda o cuestionamiento forman parte de la vida. A lo largo de ésta, -y en relación con los momentos que nos van sucediendo- las personas experimentamos una gama muy amplia de sentimientos, desde el más optimista al más triste.

Dentro de ésta extensa variedad de emociones, la tristeza, la desesperación y el desánimo son experiencias normales en el ser humano. Las disminuciones en el estado de ánimo no deben de confundirse con las que experimenta una persona deprimida.

La depresión es una enfermedad, como cualquier otra física, pero ésta engloba a la dolencia psíquica.

Para hablar de depresión, y por tanto de enfermedad deben darse éstas circunstancias:

-que éstos sentimientos se presenten de forma continuada durante un período superior a dos semanas;

-y que causen un malestar importante en una o varias áreas de la vida cotidiana.

La depresión puede estar ligada al dolor crónico. Tanto es así que los científicos -aun desconociendo la relación que existe entre ésta y la depresión- saben que ambas enfermedades ocurren simultáneamente. Los síntomas de depresión pueden empeorar con el dolor crónico. Constituye un factor de riesgo de suicidio en personas con síntomas de depresión. Hay estudios que muestran que individuos que padecen una depresión severa siente dolores mucho más intensos; los dolores corporales no tienen por qué ser un síntoma de depresión, pero sí un indicio.

De ésta manera la citosina puede desencadenar dolores al promover la inflamación -la respuesta del cuerpo a las infecciones o lesiones- La inflamación colabora en la destrucción o aislamiento del área infectada, haciendo posible que el cuerpo quede protegido. Asímismo, los signos de inflamación comprenden hinchazón, enrojecimiento, calor y a veces pérdida de funciones. Estudios concluyen que la inflamación puede ser vínculo  entre depresión y las enfermedades que usualmente se presentan junto a la depresión. Las investigaciones complementarias podrían apoyar a médicos y científicos a entender mejor la conexión y descubrir nuevas maneras de diagnosticar y tratar la depresión y enfermedades diversas. Cómo por ejemplo la fibromialgia -dolor muscular crónico de origen desconocido-, que se desarrolla junto con la depresión. Las personas con ésta enfermedad, son más propensas que la población general a padecer depresión y otras enfermedades mentales.

SÍNTOMAS DE LA DEPRESIÓN

Algunos síntomas de la depresión se pueden manifestar de distinta forma. Se pueden apreciar entonces en:

  • La conducta: ataques de llanto, aislamiento social, descuido de las responsabilidades, pérdida de higiene, de la motivación y pérdida del interés por la apariencia.
  • Las emociones: sentimientos de desesperanza, falta de emociones, ira, tristeza, cambios repentinos de humor, irritabilidad, culpabilidad y ansiedad.
  • Los pensamientos: pensamientos sobre la visión que tienen los demás sobre uno mismo, pérdidas de memoria, autocríticas, pesimismo, sentimiento de culpa, falta de concentración, dificultades para la toma de decisiones.
  • Los síntomas físicos: pérdida de apetito o aumento de ingesta, sensación de cansancio, falta de energía, pérdida o aumento de peso, estreñimiento, dormir en exceso o poco, pérdida del apetito sexual.

A menudo las personas no se dan cuenta de lo deprimidas que están ya que la depresión se desarrolla gradualmente. Se intenta luchar y sobrellevar los sentimientos de depresión manteniéndose ocupado, pero es contraproducente, ya que puede provocar un aumento de estrés y agotamiento. Después de esto empiezan los dolores físicos como dolores de cabeza constantes e insomnio, primeros signos de depresión.

Aprender a observar y detectar las señales de advertencia frente a un episodio de depresión puede ser crucial gracias a la facilidad que se puede tener al tomar la iniciativa de acudir a un médico especialista en el menor tiempo posible y evitar de ésta manera un empeoramiento de la situación y de la enfermedad.

Las señales varían de una persona a otra, pero con una frecuencia muy alta son las mismas las que vuelven a aparecer en el caso de presentar episodios depresivos recurrentes.

Los signos más frecuentes del estado depresivo son:

  • el llorar sin motivo, la tristeza, son dos cambios anímicos frecuentes que se dan en la depresión. Los cambios de ánimo frecuentes puede ser un signo.
  • perder el interés por actividades que para uno antes eran placenteras, divertidas.
  • no poder dormir, tener problemas con el sueño. Insomnio es lo más regular.
  • que en situaciones de rutina que no tienen riesgo ni lo han tenido normalmente en nuestra vida, nos entre ansiedad aguda.
  • no poder controlar la irritabilidad porque ahora necesitamos grandes cantidades de energía para ello.
  • movimientos lentos, tener sueño y estar cansado.
  • incapacidad motora para llevar a cabo las tareas rutinarias.
  • mayor sensibilidad al ruido.
  • disminución o aumento del apetito, algo no usual en nuestra rutina.

Reconocer todos éstos síntomas nos puede ser útil en casos recurrentes de episodios depresivos. Normalmente la mayoría de personas no piden ayuda a un especialista porque creen que la depresión es signo de debilidad y nada de esto es cierto ya que hablamos de una enfermedad que puede y ha afectado a las personas más resueltas. Con la simple voluntad no es suficiente para salir de un estado depresivo y hay que recurrir a la ayuda de un médico, sobre todo porque la enfermedad produce un estado de baja autoestima y de pensamientos negativos. La depresión es una enfermedad cada vez más común y por tanto más tratable porque tenemos suficiente información. La cura completa es posible, pero hay un gran porcentaje de recurrencia después de la enfermedad.

CAUSAS DE LA DEPRESIÓN

Cuando estamos frente a una depresión, a menudo surgen dudas y se buscan explicaciones a muchos interrogantes cómo: “¿Qué me está pasando? ¿Qué he hecho? ¿Por qué yo?” Es una necesidad comprender y darles sentido a muchas de éstas preguntas, a lo que nos sucede. Esto es un proceso natural, sobre todo en relación con las experiencias dolorosas. También es frecuente recurrir a explicaciones que pueden parecer posibles. Se piensa en causas externas -ajenas al individuo- o a causas internas -provenientes del individuo-

Sin embargo, éstas interpretaciones siempre están muy lejos de las “causas reales” de la depresión y a veces crean un obstáculo para el tratamiento y la curación, retrasando la consulta al especialista. Como la gran mayoría de las enfermedades psíquicas, la depresión no está causada por un solo factor, sino que es el resultado de un conjunto de mecanismos de diferente naturaleza que todavía no se conocen completamente.

Por lo general se conocen tres factores: biológicos, psicológicos y ambientales. Algunos de ellos pueden actuar bastante antes de que se presente la depresión y se les conoce cómo factores de riesgo. Un ejemplo de ello sería tener un padre o una madre que haya sufrido depresión, aumenta el riesgo de poder verse afectado con ésta enfermedad. De la misma manera que haber vivido experiencias conflictivas o traumáticas en la familia durante la primera infancia -de los 4 a los 6 años- está asociado con un mayor riesgo de padecer depresión en la edad adulta.

Hay otros factores que actúan antes de la depresión. Pueden desencadenarla. A éstos factores se les conoce cómo precipitantes. Los factores encargados de favorecer o de ayudar a la aparición de depresión son:

-Factores genéticos: en algunas personas puede haber predisposición genética, si existen antecedentes familiares que aumentan la probabilidad de padecerla. Sufren con mayor frecuencia depresiones las mujeres que los hombres.

-Factores biológicos: En nuestro cerebro existen unas sustancias químicas denominadas neurotransmisores y son los encargados de enviar señales de una célula a otra. Algunos de éstos sistemas en la depresión, particularmente los de serotonina y noradrenalina parece no estar funcionando correctamente.

Algunas mujeres, tras el parto, la presentan por los cambios hormonales que se producen durante éste período. Es la denominada depresión post-parto.

-Factores ambientales (también llamados factores sociales): Algunas situaciones -especialmente complicadas y difíciles- que ocurren en la vida. Pueden favorecer su aparición.

La depresión y la ansiedad es predominante en las mujeres, hay estudios que lo demuestran. Éste tipo de trastornos están asociados significativamente con factores de riesgo social, más prevalentes en mujeres que en varones, como las carencias socioeconómicas, la continua responsabilidad del cuidado de terceras personas o la violencia de género.

Otros factores que pueden hacer aparecer una depresión, son:

-Las enfermedades físicas o la toma de ciertos medicamentos.

-El consumo de alcohol y drogas.

Además, existen personas que presentan síntomas de depresión de forma recurrente en las mismas épocas todos los años, especialmente en zonas dónde hay una gran diferencia de luz entre verano e invierno.

DEPRESIÓN Y MANÍA.

En cuanto a los estados depresivos, las investigaciones parecen apoyar la idea de que, salvo en casos excepcionales y atípicos, no existen trastornos en la comprensión ni en la producción verbal. La temática del delirio depresivo ya se sabe que está influida por la culpa, la desesperanza y el pesimismo. Sin embargo, con respecto a estos pacientes existen algunos estudios que analizan las características físicas de su habla, particularmente las cualidades de su voz.

Las descripciones clínicas coinciden en afirmar que los pacientes depresivos con frecuencia hablan poco, y si lo hacen es lentamente y en voz baja, y sus pausas suelen ser largas, relacionando esta lentitud en el habla con las dificultades en la asociación de ideas.

Así, investigaciones realizadas sobre el habla de los depresivos parecen corroborar que cuando estos sujetos conversan, leen o cuentan en voz alta, hacen en su discurso unas pausas más largas que otros pacientes y que los individuos normales -es decir, tardan más tiempo en hablar-.

En cuanto a la frecuencia de emisión de palabras (fluencia), o la intensidad de la voz y otras variables, los resultados son inconsistentes e incluso contradictorios, debido sobre todo a dificultades metodológicas (tipo de diseño, instrumentación, etc.) y sobre todo al control de variables extrañas, entre las que destaca el efecto de la medicación que estaban recibiendo los pacientes, que en muchos de los trabajos efectuados en este campo fue incomprensiblemente ignorada.

En relación a la manía, los análisis psicolingüísticos convienen en caracterizar el lenguaje maníaco en función de los juegos de palabras que a menudo realizan estos pacientes, y sobre todo por el habla alterada (logorrea) que da lugar a un discurso abigarrado, donde frecuentemente se pierde el hilo conductor y el paciente pasa impulsivamente de un tema a otro (pensamiento saltígrado) dando lugar a la clásica fuga de ideas.

No obstante, el seguimiento longitudinal muestra que mientras en algunos esquizofrénicos las anormalidades lingüísticas persisten, en cambio son reversibles en la manía.

Algunos estudios que comparan el lenguaje de los pacientes depresivos y de los maníacos, sugieren que el discurso del depresivo tiene tendencia a ser más vago, abstracto y personalizado, mientras que el discurso del maníaco es más coloreado y concreto.

El paciente depresivo emplea más referencias a sí mismo y a otras personas; por el contrario, el maníaco se interesa más por las cosas que por las personas y discute sobre éstos en términos de acción.

A nivel lingüístico, el maníaco utiliza más verbos de acción, más adjetivos y nombres concretos; el depresivo, más verbos de estado, adverbios modificadores y pronombres personales, en particular pronombres en primera persona.

A nivel clínico destaca la profundidad del contenido del discurso del depresivo frente a la superficialidad del discurso maníaco; no obstante, las diferencias individuales pueden ser más marcadas y no se puede decir que existe un lenguaje (o patrón lingüístico) «típicamente depresivo» o un lenguaje «típicamente maníaco».

También algunos parámetros de la mímica y gestos pueden estar alterados en estos pacientes, oscilando de la profunda inhibición y tristeza de los pacientes depresivos a la continua excitación y euforia de los maníacos.

Con respecto a otros cuadros clínicos no conviene olvidar que la disfonía psicógena tradicionalmente se ha asociado con la neurosis histérica de conversión, aunque actualmente se constata que puede ser consecuencia de estados de ansiedad o fruto del estrés, como pueden decir por experiencia muchos profesores, conferenciantes, políticos, ejecutivos y numerosos profesionales cuya actividad implica el pleno dominio del lenguaje y de sus infinitas posibilidades de comunicación.

TRATAMIENTO DE LA DEPRESIÓN

Hay varios tipos de depresión, al igual que hay varios tipos de tratamientos para curarla. La depresión leve puede mejorar con asesoramiento sobre afrontamiento de problemas o sin tratamiento, por sí sola. Resulta eficaz la autoayuda y las terapias psicológicas, por el contrario, para la depresión moderada o grave, lo recomendable es combinar una terapia psicológica con medicación. Siempre el tratamiento que es más adecuado viene determinado por cada caso concreto, y de las preferencias del paciente. Lo primordial es utilizar un tratamiento efectivo, dándole el margen de tiempo necesario para que funcione. Si el tratamiento utilizado no ayuda a mejorar, lo más importante es que recurras a tu médico. No siempre se producen los resultados esperados con el primer tratamiento barajado.

Como ya hemos dicho, hay varios tipos de tratamiento para curar la depresión. La elección del tratamiento suele ser preferencia del profesional y del paciente, del origen del estado depresivo, el estado médico general y un conjunto de factores que son sopesados para dar un tratamiento efectivo.

Los tratamientos más utilizados son:

-Las terapias psicológicas: Médicos especialistas en la salud mental proponen tratamientos diseñados específicamente para personas en estado de depresión, como la terapia cognitivo-conductual y la terapia interpersonal. Varias investigaciones demuestran que las terapias antes mencionadas tienen un valor de eficacia elevado y ayudan a reducir la aparición en un futuro de nuevos episodios.

La terapia psicológica consiste en trabajar con un especialista que te escuchará y te ayudará con estrategias enfocadas a mejorar la depresión, a mejorar los pensamientos pesimistas volviéndolos más realistas, a resolver problemas y a mejorar las relaciones sociales. La terapia cognitivo-conductual está centrada en modificar los estilos negativos del pensamiento y de la conducta que son los que contribuyen a desencadenar y/o mantener la depresión y, por último, la terapia interpersonal ayuda a los pacientes depresivos a manejar e identificar los problemas en las relaciones familiares y sociales.

Éstas terapias las llevan a cabo médicos expertos y entrenados en éstas técnicas y en su uso. Normalmente son los psicólogos clínicos y los psiquiatras los que la proporcionan.

-Las terapias farmacológicas: Se utilizan fármacos -denominados antidepresivos- en el tratamiento de la depresión. Éstos fármacos funcionan elevando en el cerebro la actividad y los niveles de unas sustancias químicas (neurotransmisores) que ayudan a mejorar el estado de ánimo del paciente.

Un elevado porcentaje de los tratamientos necesitan un tiempo para poder obtener resultados. Mucho antes de que un paciente empiece a tomar antidepresivos, éste debe tener en cuenta que la medicación necesita de un tiempo para ser efectiva (unas semanas para experimentar una mejoría y determinar la eficacia del fármaco)

-Medicina natural, las herboristerías. Éstas venden un remedio casero llamado “Hierba de San Juan”, obtenida de una planta y que se puede comprar sin receta. No está claro la dosis que se debe tomar y además puede tener interacciones graves con otros medicamentos por lo que no se recomienda tomarla.

Y, por último, la terapia con animales. Tener un animal ayuda a mejorar la depresión.